PASCO LIBRE

11 años informando de forma veraz y objetiva, desde la capital minera del Perú

Conductor salva de morir

Exceso de velocidad y negligencia causas de accidentes en las carreteras.

PASCO LIBRE

PIURA: ASESINAN A BALAZOS AL CANDIDATO A DIPUTADO PERCY IPANAQUÉ FRENTE AL CEMENTERIO CAMPO DE PAZ

El candidato a diputado por Juntos por el Perú, Percy Ipanaqué, fue asesinado a balazos en el distrito de Castilla, en Piura. Según los primeros reportes, dos sicarios interceptaron al candidato cuando se encontraba frente al cementerio Campo de Paz y le dispararon a quemarropa antes de darse a la fuga.

El hecho ha generado conmoción en la región, no solo por tratarse de un candidato en pleno contexto electoral, sino también por el clima de creciente violencia que vive Piura. Dirigentes de Juntos por el Perú exigieron una investigación inmediata y pidieron garantías para el resto de postulantes.

Mientras tanto el presidente interino se mantiene ocupado en dar una imagen de atención a la inseguridad.

SE ELEVAN A 262 LOS HOMICIDIOS REGISTRADOS DESDE QUE ASUMIÓ JOSÉ JERÍ, SEGÚN SINADEF

Los registros oficiales del SINADEF —Sistema Informático Nacional de Defunciones— indican que el número de homicidios durante el actual gobierno de José Jerí se ha incrementado hasta llegar a 262 casos. 

Entre estas víctimas, se identifican al menos 33 muertes violentas ocasionadas por proyectil de arma de fuego (PAF) que, sin embargo, están clasificadas dentro de la categoría de “causa ignorada” en los listados oficiales. Esa clasificación genera dudas sobre la real dimensión de la violencia letal con armas de fuego.

Especialistas en criminalidad advierten que esta doble cifra —homicidios totales vs. homicidios por arma de fuego— podría ocultar un subregistro de víctimas, especialmente cuando aún hay certificados de defunción pendientes de procesar o actualizar. En efecto, parte de los datos corresponde a periodos recientes, y el SINADEF informa que la base se actualiza de forma progresiva. 

Organismos de derechos humanos y analistas de seguridad llaman la atención sobre la urgencia de mejorar la claridad y precisión en la clasificación de los hechos violentos, para asegurar que cada caso sea registrado con su verdadera causa. Esto es fundamental tanto para dimensionar el problema como para diseñar políticas efectivas de prevención y control de la violencia.

Mientras tanto, la ciudadanía se mantiene en alerta ante el aumento sostenido de homicidios, y la expectativa se centra en que las cifras definitivas —una vez completadas las actualizaciones— ofrezcan un panorama real y transparente de la violencia en el país.

EL PODER NO TE CAMBIA, SÓLO MUESTRA QUIÉN ERES- LISANDRO PRIETO FEMENÍA

“El problema moral del mal es su 'trivialidad', y esta trivialidad, a su vez, está estrechamente ligada a la incapacidad de pensar, de pensar desde la perspectiva de otro”
Arendt, La vida del espíritu, ed. 2002, p. 248

La reflexión sobre el poder como fuerza de desinhibición, más que corruptora, tiene sus cimientos en la filosofía clásica. La interrogación sobre la naturaleza de la justicia, a menudo instrumentalizada por sus beneficios externos, encuentra en el ejercicio del dominio una prueba de fuego para la verdad del carácter. Platón, en su diálogo fundamental “La República”, no lega el ineludible mito del anillo de Giges, precisamente para dirimir esta aporía. El argumento es tan sencillo como demoledor: la invisibilidad que confiere el anillo no inocula un vicio nuevo, sino que suprime la única contención que mantenía a raya una voluntad ya inclinada hacia el exceso. El poder, en esta lectura, no es un factor de cambio, sino el disolvente de los frenos sociales que ocultan una verdad moral latente.

Tal como se examina en el Libro II, el propósito de la fábula es interrogar la relación intrínseca entre el poder y la moralidad, demostrando que la posibilidad de obrar sin ser descubierto sirve de prueba, no de transformación. Aquello que emerge ante la ausencia de visibilidad social no es una nueva disposición moral, sino la manifestación irrefrenable de una “inclinación” que las leyes y el escrutinio público mantenían contenida (Platón, La República, libro II, ed. 2010, pp. 48–54). El poder, en este sentido prístino, no engendra un nuevo carácter, sino que despliega la verdad ontológica del sujeto.

Por su parte, Aristóteles, en una clave complementaria, ofrece una exégesis que enlaza el poder con la ética del hábito. Para el estagirita, la virtud no es un mero estado interior o un conocimiento teórico, sino una disposición estabilizada que se confirma y se verifica en la práctica libre y reiterada. Como afirma en su “´Ética a Nicómaco”, “la virtud moral es un hábito electivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello que decidiría el hombre prudente” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, libro II, ed. 2009, p. 35). Desde esta perspectiva, el poder deviene en el escenario que posibilita la expresión sin el obstáculo de las disposiciones ya asentadas: si el ejercicio del dominio propicia la justicia y la templanza, es la virtud cultivada la que se manifiesta. Si, por el contrario, exacerba la crueldad, es la latencia del vicio la que se actualiza. El poder sólo proporciona la amplitud de la acción, y en estos casos de mediocres, el juicio y el hábito ya estaban fraguados de antemano.

Estas intuiciones clásicas fueron desafiadas por la experiencia histórica moderna, condensada en la célebre máxima de Lord Acton: “El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Si bien esta sentencia propone una dinámica causal directa- el poder como agente corruptor-, su relectura crítica contemporánea nos invita a sostener una hipótesis más matizada, donde el poder opera primordialmente como una lupa o un catalizador. El poder es una variable contextual que reduce el costo de oportunidad de ser fiel a la propia inclinación. Lo que se constata no es la creación de nuevos deseos, sino la alteración del contexto para que los deseos y disposiciones preexistentes encuentren una resistencia significativamente menor para su expresión.

En este punto, la psicología contemporánea aporta evidencia empírica que enriquece la tesis. Investigadores como Dacher Keltner y su equipo han descrito la “paradoja del poder”: los individuos en posiciones de dominio experimentan una notable reducción de la empatía situacional y una mayor sensación de desinhibición. El poder, por tanto, modula el campo atencional, reduciendo el enfoque en las perspectivas de los otros, lo cual facilita que los rasgos latentes afloren (Keltner et al., 2003; Anderson & Berdahl, 2002). Estos hallazgos no sugieren que el poder sea un demiurgo moral, sino un catalizador que, al atenuar los frenos externos e internos, intensifica las tendencias ya existentes.

Sin embargo, la manifestación más patética de esta revelación se observa en aquellos a quienes la vida o el mérito han dotado de una miserable cuota de poder sin que posean la estatura moral e intelectual para administrarlo: la mediocridad súbitamente investida de autoridad. Lo que en el individuo común era un rasgo de inseguridad o una falta de autoestima, bajo el influjo del poder se transfigura en soberbia. Esta ranciedad ética, lejos de ser un signo de grandeza, opera como una auténtica discapacidad moral que incapacita para la escucha y el juicio prudente. La persona mediocre, al sentir el poder, interpreta la ausencia de consecuencias como una validación de su propio ego inflado, confundiendo la prerrogativa circunstancial con el mérito intrínseco. Así, el poder desvela su insuficiencia, su vacuidad interior, obligándole a compensar la falta de contenido con violencia y arrogancia formal.

Este análisis contextual también encuentra un eco particularmente trágico y profundo en el diagnóstico que Hannah Arendt realiza sobre la “banalidad del mal”. Al estudiar el caso de Eichmann, desvela cómo la obediencia acrítica y la rutina burocrática permiten que los individuos comunes se conviertan en ejecutores de actos atroces. Su tesis no es que la situación invente monstruos, sino que revela la pasividad, la indiferencia y el despojo total de responsabilidad que, bajo la coacción de la estructura administrativa, se vuelven operativas: “cuanto más obediente es el burócrata, cuanto más se olvida de que es un ser humano y un fin en sí mismo, más cruel y criminal se vuelve”  (Arendt, Eichmann en Jerusalén, ed. 2005, p. 34). De esta forma, la estructura del poder funciona como un escenario masivo donde las deficiencias del carácter- la incapacidad de pensar y juzgar, o la soberbia compensatoria del mediocre- se despliegan en toda su dimensión. El poder ofrece el pretexto institucional para que el mal, ya trivializado, se ponga en marcha con toda su fuerza.

Ahora bien, tampoco podemos olvidar el análisis correspondiente del rol que juega el desafío de la autoafirmación en consonancia con la responsabilidad. La filosofía de la voluntad y la ética de la responsabilidad profundizan el alcance de esta revelación. Recordemos que Nietzsche nos ofrece una lectura afirmativa al concebir el poder como el espacio para la manifestación del querer, posibilitando la autoafirmación y la creación de valores, lo cual expone de forma sincera la altura moral del sujeto. No obstante, frente a esta autoafirmación, emerge la exigencia de la responsabilidad preventiva.

El pensamiento de Kant exige que la autonomía moral sea una tarea constante, en tanto que la ética requiere formar el carácter mediante el cultivo de la voluntad. Si el poder descorre el velo de lo que somos, entonces la moral kantiana nos impone la obligación de educar el respeto al deber antes de asumir posiciones de dominio (Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, ed. 2014, pp. 45–57). A su vez, Simone Weil advierte sobre el desarraigo ontológico que genera el ejercicio del poder y reclama la atención y la austeridad como antídotos ante la posibilidad de ejercer el dominio (La gravedad y la gracia, ed. 2008, pp. 90–102).

Complementando esta exigencia, la fenomenología de Paul Ricoeur puntualiza la responsabilidad del yo, del “sí mismo”, frente a la acción. La responsabilidad no desaparece al aumentar las prerrogativas del poder, por el contrario, se hace ineludible, pues “la imputabilidad no es sino la proyección sobre la acción de la exigencia de responsabilidad” (Ricoeur, Sí mismo como otro, ed. 1990, pp. 128–140). Desde este enfoque, el poder, al multiplicar el impacto de la acción, amplifica esta exigencia narrativa de quién es el agente que responde por lo obrado. En pocas palabras: si antes eras prudente, ahora que tienes poder, debes ser más prudente aún.

Por último, Foucault desplaza la cuestión del poder desde la simple posesión a las redes de relaciones que disciplinan y producen sujetos. En tanto técnica social, el poder transforma los escenarios en los que las disposiciones latentes se normalizan o se sobreactúan, demostrando que “su luz” no sólo revela, sino que también modula y condiciona la expresión de lo revelado, a veces amplificando las tendencias sociales antes que las individuales (Foucault, Vigilancia y castigo, ed. 1996, pp. 73–89). Es la trama misma del poder la que expone, y a veces deforma, el carácter que se intenta manifestar.

Procedamos, pues, a cerrar este asunto, sobre todo mediante el reto de la deuda moral y el autoconocimiento. La evidencia empírica contemporánea que vincula poder con la reducción de la inhibición permite sostener una tesis ineludible: el poder no corrompe per se, sino que desvela la corrupción ya alojada en la voluntad. Ello remarca que la diferencia entre corrupción y revelación depende de la formación previa del carácter, de las estructuras institucionales que condicionan el ejercicio del poder y, fundamentalmente, de la responsabilidad moral que el sujeto se impone.

Tengamos en cuenta que Søren Kierkegaard, al describir la desesperación como una desconexión del “sí” auténtico, y Heidegger, al distinguir entre la “propiedad” y la “impropiedad” del ser, sugieren que el poder puede funcionar como una experiencia límite que revela dimensiones del yo inaccesibles en la pasividad. El poder es un examen ontológico sin opción a borrador. Tal vez sea posible el pleno autoconocimiento sin la confrontación con la capacidad de acción sin límites que el poder confiere. Sin embargo, ese conocimiento no redime la responsabilidad. Conocer lo propio en la oscuridad del privilegio exige, ineludiblemente, reconocer la deuda con los demás.

Como siempre les digo, queridos lectores, es fundamental cerrar esta humilde reflexión dejándolos en la incomodidad de las preguntas no resueltas. Si la linterna se encenderá inevitablemente al ejercer dominio, ¿preferimos acaso vivir en la ignorancia apacible, sin conocer la verdad sobre la crueldad o la  bondad que la desinhibición podría mostrar, o nos comprometemos activamente a forjar un carácter que merezca ser revelado? ¿Cómo podemos desmantelar la ilusión de la soberbia en aquellos que, por su mediocridad, confunden el rango con la grandeza del ser, y que usan la autoridad para proyectar su inseguridad? La soberbia del mediocre, esa patología del poder fugaz, es la prueba de que el ser que se manifiesta estaba vacío. La verdadera tragedia no reside en que el poder corrompa a algunos individuos excepcionales, sino en la inquietante posibilidad de que su posesión revele a muchos ciudadanos comunes, instalados en roles cotidianos, ejerciendo crueldades bajo el manto de una estructura que se lo permite.

Si el poder es, simultáneamente, un espejo ineludible y un escenario amplificador, la deuda moral última del ser no es con la ley externa, sino con el “sí mismo” que el poder nos obliga a confrontar. Y es en esa confrontación donde la esperanza de un ejercicio ético del dominio debe, inexorablemente, comenzar.

Referencias Bibliográficas
Anderson, C., & Berdahl, J. L. (2002). The experience of power: Examining the effects of power on approach and inhibition. Journal of Personality and Social Psychology, 83(6), 1362–1373.

Arendt, H. (2002). La vida del espíritu. (E. García, Trad.). Paidós.

Arendt, H. (2005). Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal. (C. W. F. de Rivas, Trad.). Lumen.

Aristóteles. (2009). Ética a Nicómaco. (M. Araujo & J. Marías, Trads.). Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Foucault, M. (1996). Vigilancia y castigo: Nacimiento de la prisión. (A. G. Morata, Trad.). Siglo XXI Editores.

Kant, I. (2014). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. (J. M. G. de la Mora, Trad.). Porrúa.

Keltner, D., Gruenfeld, D. H., & Anderson, C. (2003). Power, approach, and inhibition. Psychological Review, 110(2), 265–284.

Kierkegaard, S. (2007). Temor y temblor. (V. Gutiérrez, Trad.). Tecnos.

Platón. (2010). La República. (C. Eggers Lan, Trad.). Gredos.

Ricoeur, P. (1990). Sí mismo como otro. (A. Neira, Trad.). Siglo XXI Editores.

Weil, S. (2008). La gravedad y la gracia. (M. M. de C. J. A. V. P., Trad.). Trotta.

Lisandro Prieto Femenía.
Docente. Escritor. Filósofo  
San Juan - Argentina 

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OSIPTEL: CONTINUARÁN LOS BLOQUEOS DE CELULARES NO REGISTRADOS EN LA LISTA BLANCA DURANTE EL ESTADO DE EMERGENCIA

Se bloquearán 400 mil celulares que no se encuentran en la lista blanca del Renteseg y que están vinculados a personas con historial negativo.

De esta manera, se superará la meta con 2.5 millones de equipos móviles bloqueados durante el 2025, que impactará en favor de la seguridad ciudadana y reducirá el mercado negro de celulares.

En el marco del estado de emergencia, el Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones (OSIPTEL) anunció que se continuará con el bloqueo semanal de equipos móviles por no encontrase en la lista blanca del Registro Nacional de Equipos Terminales Móviles para la Seguridad (Renteseg) y estar vinculados a personas con historial negativo.

Las ordenes de bloqueo se ejecutarán en cuatro etapas:  el 25 de noviembre, el 2, 9 y 16 de diciembre. Cada semana se bloquearán 100 mil equipos móviles, que en conjunto alcanzarán 400 mil celulares.

Con esta nueva acción, el OSIPTEL superará la meta proyectada para el 2025, con 2 595 059 equipos bloqueados por no encontrarse en lista blanca y estar vinculados a personas que, de manera reiterada, han empleado IMEI inválidos o clonados.

Los equipos móviles bloqueados vinculados a personas con un historial negativo no podrán cursar tráfico en ninguna de las cuatro empresas operadoras, con lo que se espera reducir el número de llamadas con fines delictivos y reducir el mercado negro de venta de celulares.

"Estamos ejecutando bloqueos sostenidos para impedir que equipos móviles con procedencia irregular sigan operando en el país. Estas acciones son parte de un esfuerzo articulado para proteger a los ciudadanos y cortar las rutas de la delincuencia vinculada al uso de celulares robados", dijo el presidente ejecutivo (e) del OSIPTEL, Jesús Guillén.

¿Cómo es el proceso del bloqueo?
El sistema Renteseg, administrado por el OSIPTEL, enviará a las empresas operadoras la orden de bloqueo de celulares que no están registrados en la lista blanca y relacionados a personas que usan código IMEI alterados (inválidos o clonados).

Luego de ello, las empresas tendrán un plazo de hasta dos días hábiles para enviar a sus abonados el mensaje de texto (SMS) informando que el bloqueo de estos equipos se realizará como máximo en dos días hábiles.

Si una persona recibe este mensaje y considera que adquirió el celular de forma lícita, puede acudir a las oficinas de atención del OSIPTEL a nivel nacional, llevando el equipo y, de ser el caso, el comprobante que acredite su compra lícita. El personal del regulador realizará las verificaciones para determinar que el celular no haya sido alterado.

Si supera las validaciones, el usuario deberá firmar una declaración jurada en la que afirme haber adquirido su equipo de manera legal y así se registrará en la lista blanca.

NIÑA DE 4 AÑOS NECESITARÁ SEIS AÑOS DE TERAPIA TRAS SER ATROPELLADA; FAMILIA DENUNCIA AMENAZAS DEL PRESUNTO RESPONSABLE

Una niña de 4 años del distrito de Paucartambo necesita al menos seis años de terapia y rehabilitación para y mejorar su calidad de vida, luego de haber sido atropellada en un hecho que ha conmocionado a la comunidad local.

La madre de la menor denunció que el presunto responsable del atropello dejó a la niña con secuelas físicas de largo plazo— la estaría amenazando desde que inició las acciones legales para exigir justicia. Según su testimonio, estas intimidaciones buscan que desista del proceso, lo que ha generado preocupación y temor en la familia.

Vecinos y allegados a la víctima se han sumado al pedido de la madre, exigiendo que las autoridades actúen con celeridad y transparencia, y que el caso no quede impune. Señalan que el presunto implicado contaría con recursos económicos, lo que —según afirman— podría generar intentos de influir en el proceso.

La comunidad de Paucartambo exige una investigación rigurosa, protección para la madre y la menor, y que se garanticen las sanciones que correspondan, con el fin de que la niña pueda acceder a los tratamientos que necesita y que se haga justicia sin privilegios ni presiones externas.

COMUNEROS DE YURJAHUANCA ALERTAN SOBRE CAMBIO DE COLOR EN EL RÍO SAN JUAN; SEÑALAN A MINERA VOLCAN

Comuneros de Yurjahuanca, en el distrito de Simón Bolívar, reportaron un cambio en el color de las aguas del río San Juan, que ahora presentan un tono verde. Los pobladores alertaron que esta situación podría estar relacionada con las instalaciones de la empresa minera Volcan.

Los vecinos expresaron su preocupación por los posibles efectos ambientales y en la salud de la población, y solicitaron la intervención de las autoridades competentes para investigar el origen del fenómeno y tomar medidas correctivas de ser necesario.

Se espera que representantes de la municipalidad y del sector ambiental realicen inspecciones en la zona para determinar responsabilidades y garantizar la protección del recurso hídrico.

CONGRESISTA QUE PROPUSO REQUISITO PROFESIONAL PARA INFLUENCERS ES DENUNCIADO POR PRESUNTO PLAGIO EN SU TESIS

Wilson Soto Palacios, congresista que impulsó la iniciativa de exigir título profesional a los influencers para emitir opiniones especializadas, fue denunciado públicamente por presunto plagio en la tesis con la que obtuvo el título de abogado en la Universidad César Vallejo (UCV).

De acuerdo con la acusación, el parlamentario habría incorporado en su trabajo académico fragmentos que no serían de su autoría. Hasta el momento, ni la UCV ni el propio legislador han emitido un pronunciamiento oficial respecto a estos señalamientos.

La propuesta del representante de Acción Popular ya había generado controversia, las críticas se intensificaron en redes sociales, donde algunos usuarios sugieren que también debería exigirse un título profesional para ejercer el cargo de congresista.

OSIPTEL SOLICITA A EMPRESAS OPERADORAS SUSPENDER DE INMEDIATO LAS LÍNEAS MÓVILES VINCULADAS A DELITOS

Durante el estado de emergencia, al 17 de noviembre, el OSIPTEL solicitó a las empresas operadoras la suspensión de 3766 servicios móviles a requerimiento de la Policía Nacional y el Ministerio Público.

En el marco del estado de emergencia, el Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones (OSIPTEL) informó que, a requerimiento de la Policía Nacional del Perú (PNP) y el Ministerio Público (MP), solicitó a las empresas operadoras de telecomunicaciones la suspensión inmediata de las líneas móviles vinculadas a casos de extorsión, secuestro, sicariato y otros delitos.
Esta medida fue establecida mediante el Decreto Supremo n° 124-2025-PCM, modificado por el Decreto Supremo n° 127-2025-PCM con el objetivo de fortalecer las acciones de lucha contra la criminalidad y mejorar la eficacia de las intervenciones durante el estado de emergencia.

“Al 17 de noviembre, durante lo que va del estado de emergencia, ya se solicitó a las empresas operadoras la suspensión de 3766 servicios móviles, a requerimiento de la Policía y el Ministerio Público. Esta acción demuestra nuestro compromiso con la seguridad ciudadana y en la lucha contra la criminalidad”, refirió la directora de Atención y Protección del Usuario del OSIPTEL, Tatiana Piccini.
Piccini precisó que las empresas operadoras deben informar diariamente al OSIPTEL sobre la ejecución de la medida de suspensión de líneas móviles que estarían siendo utilizadas para la comisión de delitos.

Suspensión de líneas de chips que se comercialicen previamente activados
La modificación del decreto también dispone que la PNP podrá requerir al OSIPTEL que ordene a las empresas operadoras de telecomunicaciones la suspensión inmediata de las líneas correspondientes a chips telefónicos que se comercialicen previamente activados.
Además, durante los operativos, la PNP deberá informar al OSIPTEL sobre las características de los equipos y chips incautados.

Cabe señalar que las empresas operadoras son responsables de todo el proceso de comercialización y contratación del servicio público móvil que presentan, el que comprende la identificación, el registro de los abonados que contratan sus servicios y el registro de vendedores o personal de atención de la empresa operadora.

“Gracias a la labor articulada entre el OSIPTEL, la Policía Nacional y el Ministerio Público se reafirma que el trabajo coordinado permite mejorar la seguridad ciudadana y fortalecer la confianza de la población en las instituciones públicas y el regulador de las telecomunicaciones. Seguiremos adelante con la misma responsabilidad y excelencia para alcanzar más resultados”, indico el presidente ejecutivo (e) del OSIPTEL, Jesús Guillén.

QUIEN VIVE EN PAZ, NO JODE A LOS DEMÁS- LISANDRO PRIETO FEMENÍA

“A las personas no les molestan las cosas, sino las opiniones que les dan a esas cosas”
Epicteto, Enquiridión (Capítulo 5).

El precitado aforismo estoico, que sitúa la fuente de la perturbación no en el mundo externo, sino en el juicio subjetivo que emitimos sobre él, encierra una tesis fundamental para la filosofía: la buena convivencia no primariamente una tarea de diseño social o regulación externa, sino el resultado inevitable de una cierta disposición, de una arquitectura interior armónica. Si la paz con el mundo es un reflejo de la paz consigo mismo, entonces la agresión, la falta de respeto, la irritabilidad y el malestar que proyectamos sobre el entorno no son más que los síntomas de una guerra no resuelta en el fuero interno. Bajo esta luz, la búsqueda de la serenidad se convierte en la primera y más radical responsabilidad cívica.

La filosofía clásica sentó las bases de esta conexión indisoluble entre el orden interno y la acción justa. Para Platón, la justicia misma en la “polis” es una proyección de la justicia del alma. En “La República”, el filósofo ateniense define el alma justa como aquella donde cada una de sus tres partes- la razón (logistikón), el espíritu o ánimo (thymoeidés) y los apetitos (epithymetikón)- cumplen su función armoniosamente. La razón debe gobernar, asistida por el ánimo, para mantener a raya los apetitos. La injusticia, y por extensión la perturbación proyectada sobre los demás, surge del desequilibrio, cuando una parte inferior usurpa el lugar de la razón. La acción mesurada y el respeto al otro emanan de esta justicia interna (Platón, La República, 443c–d).

Por su parte, su discípulo Aristóteles enfoca esta armonía en la finalidad de la vida humana: el Bien Supremo, o eudaimonia (“vida floreciente”). Esta plenitud se alcanza a través del ejercicio constante de la razón (logos), que permite la adquisición de las virtudes. En su obra “Ética a Nicómaco”, establece que “el bien humano es la actividad del alma de acuerdo con la virtud; y si las virtudes son varias de acuerdo con la óptima y más completa” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1098a16-18).  En pocas palabras, aquí se está expresando que la persona prudente (phronimos) armoniza sus pasiones y sus acciones con la recta razón porque su orden interno es la garantía de su conducta justa en la esfera pública.

Este principio se radicaliza en el pensamiento estoico, particularmente en pensadores como Epicteto, que concibió la serenidad (ataraxia) y la imperturbabilidad (apatheia) como el único campo de batalla legítimo y accesible. El estoicismo nos enseña que el sufrimiento nace de los juicios erróneos sobre aquello que no está bajo nuestro control. La paz se conquista, pues, al desplazar la preocupación de lo externo a lo interno, logrando la distinción fundamental entre lo que podemos y lo que no podemos modificar. Complementariamente, el emperador filósofo Marco Aurelio refuerza esta idea al establecer la “Ciudadela Interior” como nuestro refugio inexpugnable. En sus “Meditaciones”, prescribe el acto de la voluntad sobre el juicio: “Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos exteriores. Date cuenta de esto y hallarás la fuerza” (Marco Aurelio, Meditaciones, IV, 3). En este sentido, la paz interior nos capacita para responder al mundo con ecuanimidad, transformando la relación con el otro de una potencial fricción a un ejercicio de virtud.

Siglos después, la filosofía post-kantiana introdujo una visión más oscura de la dinámica interior que explica la agresividad humana, desplazando el problema del orden de la razón al caos de la voluntad. Para Arthur Schopenhauer, el malestar no es un error de juicio ni una falta de virtud, sino una condición metafísica ineludible. Para él, la esencia del mundo es la “Voluntad” (Wille), un impulso ciego, irracional e insaciable que es la fuente última de todo dolor y sufrimiento.

En su obra titulada “El mundo como voluntad y representación”, diagnostica la vida como un ciclo perpetuo de querer y desear, donde el sufrimiento y el tedio son “los dos extremos en los que oscila el péndulo de la vida” (Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, Vol. I, § 57). Esta voluntad única y sufriente se manifiesta en todos los seres, creando un estado de hostilidad universal donde todos somos verdugos y víctimas debido a la naturaleza insaciable de nuestro motor vital. La agresividad hacia el prójimo, desde este enfoque, no es un vicio moral, sino el efecto necesario de este perpetuo impulso metafísico que busca alivio al afirmarse a sí mismo, a menudo a expensas de los demás. La paz interior, bajo este prisma, sólo es alcanzable mediante la negación ascética de la voluntad: cuanto menos se desee, más cerca de esa paz se estará.

Ahora bien, este mecanismo de descarga de la frustración encuentra su formulación más incisiva y sociopolítica en la obra de Friedrich Nietzsche. Desarrollado en su “Genealogía de la moral”, el concepto de Ressentiment (resentimiento) no es un simple sentimiento, sino una fuerza creadora de valoraciones morales, una venganza imaginaria nacida de la impotencia y la incapacidad de actuar.

Nietzsche explica que el sujeto débil, incapaz de responder directamente a su opresor o a la causa de sus frustraciones, sublima esta debilidad y la revierte. El resentido, en guerra consigo mismo por no poder afirmar su propia voluntad vital, necesita urgentemente buscar y crear enemigos afuera. Este acto es esencialmente deshonesto, pues como afirma el bigotón, “el resentido no es sincero ni honesto… su espíritu ama los escondrijos, los caminos tortuosos y las puertas falsas…” (Nietzsche, La genealogía de la moral, Tratado Primero, § 10). Así, la agresión social se convierte en la metabolización perversa de una identidad dañada: sólo la gente rota tiene la energía para molestar a los demás.

Esta proyección de la hostilidad desde el fracaso interior encuentra un eco existencial en la crítica del escritor y pensador argentino Ernesto Sábato. Para él, la hostilidad no sólo nace del resentimiento moral, sino de la angustia y la incomunicación radical del individuo moderno. Su obra es un lamento por la deshumanización que aísla al ser en un mundo racionalizado y mecánico. En su ensayo “El escritor y sus fantasmas”, diagnostica la condición humana como una soledad irreductible al expresar que “sólo ha y una cosa verdaderamente ineludible: nuestra soledad, nuestra desesperación, el fracaso definitivo” (Sábato, El escritor y sus fantasmas, El escritor y la crisis). Si el hombre vive en la certeza de su soledad esencial y el sinsentido, la proyección de la agresión (la “molestia”) es un intento desesperado por establecer un contacto, aunque sea negativo, con el otro, o una manifestación de la profunda frustración ante el absurdo. La convivencia se rompe no solo por la maldad activa, sino por la incapacidad de la conciencia solitaria de tocar otras conciencias.

Desde una arista sociológica, se podría afirmar que la patología de la molestia social se complica al introducir la dimensión intersubjetiva de la identidad. Filósofos de la Escuela de Frankfurt, como Axel Honneth, han desarrollado la idea de que el yo se constituye en el espejo del otro a través de la “lucha por el reconocimiento” (Kampf um Anerkennung). Concretamente, Honneth postula que sólo si los individuos “se ven confirmados recíprocamente en sus actividades y capacidades pueden llegar a una autocomprensión de sí mismos como individuos autónomos” (Honneth, La lucha por el reconocimiento). Esto nos da otra pista: a veces la gente rota que disfruta molestando a los demás, ha sido severamente maltratada desde su infancia.

La negación del reconocimiento- el desprecio o el menosprecio- hiere la identidad hasta su núcleo, afectando las esferas del amor, el derecho y la estima social. Esta herida se convierte en una fuente de profunda inestabilidad que puede proyectarse como una búsqueda de compensación agresiva. Si la sociedad me niega el valor que merezco, la tentación de destruir el valor de lo que me rodea se vuelve un mecanismo de defensa. El conflicto y la agresión, por tanto, son a menudo una protesta moral subyacente ante la falta de reconocimiento.

Esta dinámica se amplifica en el paisaje de nuestra postmodernidad. Byung-Chul Han, en su análisis de la “sociedad del rendimiento”, señala cómo la autoexplotación y presión por el éxito generan un sujeto que es tanto verdugo como víctima de sí mismo. La fatiga patológica del burnout (“cerebro quemado”) y la depresión, producto de una guerra interna librada por imperativos de optimización, se proyectan al exterior como irritabilidad crónica, intolerancia y una necesidad constante de “molestar” que intenta reorientar el foco del dolor hacia el exterior, desplazando la responsabilidad por el propio fracaso al sistema o al prójimo. En esta perspectiva, la hostilidad social es la manifestación externa de un alma exhausta.

Ahora, si la agresión nace de la herida, la frustración y el resentimiento, la verdadera paz interior exige un acto de liberación. Hannah Arendt, en su análisis de la “vida activa”, nos recuerda que la acción humana, al ser impredecible e irreversible, necesita de dos facultades esenciales para sostener la convivencia: el perdón y la promesa. La acción es irreversible, lo que significa que una vez realizada, sus consecuencias cuelgan irremediablemente sobre el futuro. El único remedio para esta irreversibilidad es la facultad de perdonar. Arendt explica que el perdón es la capacidad de “deshacer los actos del pasado, cuyos ‘pecados’ cuelgan como la espada de Damocles sobre cada nueva generación” (Arendt, La condición humana, Parte II, Cap. 5). El perdón es la herramienta que libera al sujeto del peso irrevocable de sus propios actos y libera a los demás de la obligación de venganza o resentimiento continuo. Es un acto de voluntad que permite el nuevo comienzo, la natalidad.

El otro complemento precitado es la promesa, que mitiga la imprevisibilidad de la acción futura. Ambas facultades, el perdón (remedio para el pasado) y la promesa (remedio para el futuro), son esenciales para establecer “islas de seguridad sin las que siquiera la continuidad [de la acción] sería posible” (Arendt, La condición humana, Parte II, Cap. 5). Vivir en paz no es un mero estado contemplativo, sino un acto de voluntad, una batalla política y personal que incluye la capacidad de perdonar a sí mismo y a los demás. Esta templanza, esta renuncia a la guerra interior, es la base de una compasión elevada: dejar en paz al prójimo. La paz interior, cultivada como virtud cívica, no es una opción, sino la condición necesaria para la existencia de una deliberación pública basada en el respeto y no en la proyección agresiva del propio malestar.

Amigos míos, hasta aquí hemos recorrido las profundidades del alma, desde la geometría racional de la eudaimonia aristotélica y la fortaleza estoica de Marco Aurelio hasta el impulso ciego de la Voluntad schopenhaueriana y la tiranía del Ressentiment nietzscheano, pasando por el laberinto de la soledad y el absurdo de Sábato. La tesis inicial, que vincula la paz interior con la buena convivencia, se mantiene no sólo como un ideal moral, sino como una radiografía de la patología social contemporánea.

No obstante, este recorrido nos obliga a abandonar el reposo de las conclusiones definitivas para adentrarnos en una zona de reflexión crítica. Si las estructuras sociales y económicas contemporáneas nos someten a un estado de ansiedad, autoexplotación y negación de reconocimiento (Honneth, Han), ¿es la paz interior una tarea puramente individual o una utopía irrealizable sin una profunda reforma estructural? ¿Acaso exigir al individuo la “autorregulación” mientras la maquinaria social lo tritura, no es una nueva forma de violencia, un desplazamiento de la responsabilidad colectiva? ¿Puede una sociedad ser verdaderamente democrática y justa si sus ciudadanos están emocionalmente inmaduros, si cada uno está en guerra consigo mismo?

Si Schopenhauer y Sábato tienen razón y la vida es esencialmente sufrimiento y soledad radical, ¿la paz interior se reduce a un escape nihilista (el ascetismo) o aún podemos encontrar un sentido afirmativo de la vida, como postula Nietzsche, a través de la creación de nuevos valores que superen el resentimiento y permitan una coexistencia creativa? Por último, y ya no los molesto más: la paz con el otro, que comienza en el perdón a uno mismo y la asunción de nuestra vulnerabilidad (Arendt), nos confronta con la pregunta fundamental, ¿estamos educando a nuestros ciudadanos para la fortaleza de la compasión, o para la debilidad del resentimiento, y con ello, condenando a nuestra “polis” a ser el ceo de nuestra propia miseria interna?

Referencias

Aristóteles. (c. 330 a. C./2018). Ética a Nicómaco (1098a16-18). Gredos.

Arendt, H. (s.f.). La condición humana (Parte II, Capítulo 5: "La capacidad de perdonar").

Epicteto. (s.f.). Enquiridión (Capítulo 5).

Han, B-C. (s.f.). La sociedad del cansancio. Herder.

Honneth, A. (s.f.). La lucha por el reconocimiento: por una gramática moral de los conflictos sociales. Crítica.

Marco Aurelio. (s.f.). Meditaciones (Libro IV, 3).

Nietzsche, F. (1887/2018). La genealogía de la moral (Tratado Primero, § 10). Alianza Editorial.

Platón. (c. 380 a. C./2003). La República (Libro IV, 443c–d). Gredos.

Sábato, E. (s.f.). El escritor y sus fantasmas (El escritor y la crisis).

Schopenhauer, A. (s.f.). El mundo como voluntad y representación (Volumen I, Sección 57).

Lisandro Prieto Femenía.
Docente. Escritor. Filósofo  
San Juan - Argentina 

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¿ES LIMA UNA DE LAS REGIONES MÁS INSEGURAS DEL PAÍS? DATOS RECIENTES REVELAN UN PANORAMA CRÍTICO

La inseguridad ciudadana continúa siendo uno de los problemas más urgentes en el país, y diversos estudios recientes muestran que Lima se ubica entre las regiones más afectadas, aunque la situación varía según el tipo de delito evaluado.

PERCEPCIÓN DE INSEGURIDAD EN NIVELES EXTREMOS
De acuerdo con una encuesta de Datum,  el 94 % de los ciudadanos de Lima y Callao afirma sentirse inseguro al transitar por las calles.

Otra medición, realizada por Verisure e Ipsos, indica que el 81 % de limeños se siente desprotegido incluso al salir de su vivienda.

Este clima de temor impacta directamente en la vida diaria: modificación de rutinas, contratación de seguridad privada y reducción de actividades nocturnas son algunas de las medidas adoptadas por los ciudadanos.

ROBOS AL ALZA Y USO DE ARMAS DE FUEGO
Según Ipsos, el 33 % de los limeños ha sido víctima de robo en la calle durante los últimos 12 meses.

Además, un segmento importante de estos delitos se comete con armas de fuego, lo que incrementa la gravedad de los hechos y la sensación de vulnerabilidad.

HOMICIDIOS Y VIOLENCIA LETAL EN AUMENTO
El 2024 cerró con cifras preocupantes: el Sinadef reportó más de 2,000 homicidios, uno de los niveles más altos de los últimos años.

Lima figura entre las regiones con mayor número de muertes violentas. El Observatorio del Crimen,  estimó una tasa de 10 a 11 homicidios por cada 100,000 habitantes en la capital.

Buena parte de estos casos está vinculada al sicariato, la extorsión y redes criminales, lo que confirma la presencia activa del crimen organizado en la ciudad.

IMPACTO ECONÓMICO Y SOCIAL
La criminalidad también golpea la economía local. Según un informe de La República, uno de cada dos limeños ha visto cerrar negocios en su barrio debido a la inseguridad.

A pesar de las medidas implementadas, como los estados de emergencia, la ciudadanía considera que estas acciones no han logrado revertir la crisis.

¿ENTONCES, LIMA ES UNA DE LAS REGIONES MÁS INSEGURAS?
Con base en indicadores como percepción ciudadana, robos y homicidios, sí es posible afirmar que Lima se encuentra entre las zonas más inseguras del país.

No obstante, especialistas advierten que la inseguridad es un fenómeno complejo y multidimensional, por lo que no todas las regiones destacan en los mismos delitos ni las cifras son estrictamente comparables debido a diferencias metodológicas o subregistros.