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Conductor salva de morir

Exceso de velocidad y negligencia causas de accidentes en las carreteras.

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COMUNICACIÓN POLÍTICA: ENTRE LA PUESTA EN ESCENA Y LA CREDIBILIDAD DEL GOBIERNO

La comunicación política es una herramienta fundamental para construir liderazgo y mantener una relación con la ciudadanía. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre comunicar durante una campaña electoral y hacerlo desde el gobierno. Mientras en una campaña se busca convencer al electorado, gobernar exige informar con transparencia, rendir cuentas y demostrar resultados concretos.

En el escenario político peruano, la estrategia comunicacional de Keiko Fujimori y de las autoridades de su entorno plantea una interrogante: ¿se comunica para informar sobre la gestión pública o para proyectar una imagen de autoridad? Las redes sociales y los medios tradicionales permiten difundir anuncios, reuniones y operativos que transmiten firmeza y capacidad de respuesta. No obstante, la imagen de autoridad no siempre se traduce en resultados concretos.

Esta diferencia se evidencia en la lucha contra la inseguridad ciudadana. Mientras se anuncian acciones conjuntas entre la policía  y las Fuerzas Armadas, las extorsiones y los asesinatos continúan preocupando a la población, especialmente en Lima. La ciudadanía necesita conocer si estas medidas están reduciendo la delincuencia, mediante indicadores verificables, y no solamente recibir anuncios oficiales. La eficacia de una política de seguridad debe medirse por sus resultados y no por la cantidad de imágenes o declaraciones que genera.

Otro ejemplo es la comunicación sobre los incendios forestales. Cuando un ministro atribuye al gobierno su extinción sin precisar el papel de las lluvias y otros factores, surge un problema de credibilidad. Las instituciones pueden haber contribuido a controlar la emergencia, pero las autoridades deben explicar con rigor qué acciones realizaron y qué factores naturales intervinieron. Atribuirse resultados sin suficiente sustento puede generar cuestionamientos y debilitar la confianza pública.

Esta responsabilidad también alcanza a los parlamentarios que representan a regiones como Pasco. Informar sobre reuniones y gestiones es importante, pero la ciudadanía necesita conocer qué proyectos avanzaron, qué recursos se consiguieron y qué compromisos siguen pendientes. La comunicación de los representantes debe convertirse en un mecanismo de rendición de cuentas, no limitarse a difundir actividades partidarias.

En la era de la globalización de la información, las autoridades ya no tienen el monopolio de la comunicación. Los ciudadanos, periodistas y organizaciones pueden contrastar declaraciones, compartir evidencias y cuestionar las versiones oficiales. Aunque no toda información difundida en las redes es verdadera, las contradicciones entre el discurso gubernamental y los hechos verificables pueden provocar un desgaste político y una pérdida de confianza.

Por ello, la comunicación gubernamental debe distinguirse de la propaganda electoral. No basta con proyectar liderazgo, anunciar medidas o presentar cada intervención como un éxito. Es necesario informar sobre los resultados, reconocer las limitaciones y rectificar las afirmaciones inexactas.

En definitiva, gobernar no es solamente comunicar, sino demostrar resultados. Cuando el discurso oficial se distancia de la realidad, la comunicación que inicialmente busca fortalecer la imagen del gobierno puede terminar debilitando su credibilidad. En una sociedad cada vez más informada, la confianza ciudadana no se sostiene con puestas en escena, sino con transparencia, responsabilidad y hechos comprobables.